Ir al contenido principal

Ser un bonsái

Dicen las voces más eruditas que el milenario arte verde del bonsái consiste en concentrar toda la fuerza y sabiduría de un gran y añejo árbol en uno muy pequeño. De este resulta la venerada belleza propia de la naturaleza; belleza que solo es otorgada con el tiempo de la vida.

Los hay de muchos tipos y de diferentes hermosuras, con troncos y copas de formas y tamaños que desafían la realidad; o con colores, flores y frutos que  hacen creer que pocas cosas pueden ser tan embelesantes como aquel pequeño árbol. Por todo ello, cada uno significa un cuidado singular que al final otorga un maravilloso resultado.

 En cuanto a su tamaño, hay muchos nombres. Se puede hablar de los «Shito», los más pequeños y casi que sin ramas; de los «Mamen», cuyo nombre significa «que cabe en la palma de la mano»; los «Chumono», que son de los bonsáis de mayor tamaño, o de los «Omono», los reyes de los bonsáis. 

 Sus formas, cargadas de simplicidad y sensibilidad, no se quedan atrás. Cada bonsaista busca que estas cuenten una historia que les es regalada; una identidad. Se habla de «Hokidachi» cuando  su copa  armoniosa de ramas finas y rebeldes, y de hojas caducas, se eleva en forma de cúpula hacia el cielo; como si quisiera barrerlo de las tormentas, de los vientos y de las nubes que rara vez lo azotan. 

Luego, como su contraparte, se encuentra el «Kengai», cuyo tronco se desliza hacia abajo, como una cascada que cae desde lo más alto de una montaña. Casi como un sobreviviente de la nieve o de las rocas. 

Historia similar contempla el «Bunjingi», cuyo tronco desnudo y sin corteza se eleva hasta lo más alto para sobrevivir entre el resto, dejando crecer una copa solo en la parte más elevada, donde la luz logra llegar. Y el «Fukinagashi», marcado por el viento constante e inclinado hacia un lado, dando cuenta de que su crecimiento es únicamente posible en una dirección, es otro ejemplo de un sobreviviente. 

Son tantos los estilos de bonsái, tantos sus significados, sus secretos e historias, que contarlas a todas sería como narrar un libro de la vida interminable; por cada bonsaista, por cada bonsái, probablemente haya un relato propio que contar; casi como una leyenda inmortal que nace desde la semilla, el esqueje, los acodos, y que poco a poco, desde su pequeña maceta va tomando la forma que su artista cree que debe tener a lo largo de sus cientos y cientos de años. 

Nadie puede negar la belleza y equilibrio del bonsái, ni aquel sentido y filosofía que ha acompañado al ser humano y su sabiduría durante tanto tiempo. Y sin embargo, cuando se trata de acuñar las mismas leyes hacia el enorme bosque frondoso que es la humanidad, en muchos casos ejerce la fuerza de una deforestación. 

Siendo el ser humano tan diverso y singular, con tanta fuerza para crecer y amar, casi como un árbol, muchas veces esta misma diversidad hace que se los quiera moldear en una pequeña maceta, como un bonsái. Se dice que es para mostrar todos sus dotes desde su pequeña inmensidad, ¿pero qué maceta tan pequeña y solitaria permite que se crezca con libertad? Se le da la forma que otro decide bella y con los años se amolda a esa realidad. 

Crecen entonces como los Hokidachi, como los Kengai, los Bunjingi o los Fukinagashi; privados del bosque, de la luz, del viento, de su libertad, de su verdadera forma, de su sentir, de su vida. 

Pero aún así, el árbol vuelto bonsái tiene la fuerza de rebelarse y romper la maceta cuando el artista no es artista, sino que responsable de su represión.

Y este espacio tiene por objetivo romper estas macetas. 

-XxX-

(Fragmento extraído del prólogo del libro "Ars Amandi", escrito por mi en conjunto con Gabriela Diana y Florencia Dos Santos) 





Comentarios

Entradas populares de este blog

Hablemos de discapacidad: entre el castigo de los dioses y la sabiduría divina

    La sociedad a lo largo de su historia ha establecido continuas barreras, líneas divisorias que buscan separar el " somos " del " son " . Millones de personas, de singularidades, quedan desplegadas al otro lado de la orilla y vivencian con dolor esa separación: la prohibición de pertenecer, la prohibición de ser parte de . Se vuelven cuerpos rechazados, o cuanto menos, cuerpos improductivos en la sociedad; el órgano enfermo de la polis. Arrastran sus cadenas, sus consecuencias, y va dejando huellas y heridas en las vidas de personas, cosificando su identidad, deshumanizando sus cuerpos, borrando sus deseos, sus emociones, y otorgándoles un lugar bajo la sombra, lejos de la avenida principal.      Históricamente este ha sido un camino por el que han tenido que transitar personas que poseían una limitación, siendo dis-capacitadas en el proceso. Sin embargo, este camino se extiende a épocas en donde ni siquiera el constructo de discapacidad existía en el...

Hablemos sobre discapacidad: Nada sobre nosotros sin nosotros

Ha sido un largo camino el de poder concebir a las personas en situación de discapacidad -SdD- no solo como personas de pleno derecho, sino que también como personas con el derecho a tener derechos. Incluso los más básicos, -como el derecho a la dignidad humana- se les han sido negados e invisibilizados. Este panorama se oscurece cuando la variable discapacidad se ve atravesada por género, pobreza, etnia, religión, etc. De acuerdo a Quinn et. al. (2002), aproximadamente 600 millones de personas, se encuentran en SdD. (pág. 01) A su vez, si se toman en cuenta los datos ofrecidos por la Encuesta Mundial de Salud (OMS, 2011), se evidencia que el mayor número de personas en SdD se encuentra en los países más empobrecidos, en donde la garantía de servicios necesarios y de calidad es muy difícil. Esto, a su vez, se ve potenciado por el constante estigma que atraviesan dichas personas. Las creencias estigmatizantes que posee la sociedad acerca de la persona en SdD, “constituyen obstáculos pa...

La Medicalización de las personas en Situación de discapacidad Intelectual: un estudio de caso

               Introducción Los procesos de medicalización de la sociedad se han visto cada vez más potenciados. A día de hoy, se ha vuelto un fantasma silencioso que se ha ido penetrando cada vez más en el imaginario social, ocultando los resabios de una sociedad regida por el control de los cuerpos, por el ocultamiento de las singularidades, por la normalización. Los debates acerca de cómo deben ser implementados los psicofármacos cada vez se están reproduciendo más en el día a día, sin embargo, todavía siguen siendo la principal estrategia de intervención, sobre todo en personas en SdD psíquica e intelectual. Este alto consumo, sin embargo, no significa el contentamiento de dichas personas: muy por el contrario, diversos colectivos han comenzado a alzar sus voces al sentir sus derechos vulnerados. A día de hoy, es uno de los principales reclamos. Ha sido un largo camino el de poder concebir a las personas en SdD no solo como personas de pl...