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Hablemos de discapacidad: el modelo de la revolución



    Anteriormente estuvimos hablando sobre el impacto del modelo médico/rehabilitador en la discapacidad. De acuerdo a dicho modelo, la discapacidad como tal se encontraba en la persona, por lo que el accionar debía encontrarse dirigido a nada más que su cuerpo, surgiendo así la idea de “rehabilitación” y de “normalización” (Valencia, 2014). Considerando esto, Cuenca (2011) agrega además que “dicho de otro modo, las personas con discapacidad tendrán también que adaptarse a través de su esfuerzo individual a unos derechos universales diseñados por y para las personas normales.” (pág. 03)
Se vuelve, entonces, un modelo que invisibiliza a la persona como tal, infravalorando sus habilidades, capacidades y destacando sus dificultades, produciendo así el imaginario de una persona totalmente dependiente. Bustamante (2018) considera que si bien desde dicho modelo se puede percibir una mayor participación del Estado, la visión desde la que se interviene termina infravalorando su identidad y ligando fuertemente sus derechos a cuestiones médicas.
Esta percepción de vulneración a la identidad de las personas en SdD es lo que dio comienzo a las distintas movilizaciones que luchaban por un trato más justo. Las personas que eran catalogadas como “discapacitadas” querían que se los tratara humanamente, y con sus reclamos, surgió a mediados de los años ‘60 un Modelo Social que “crea la necesidad de responder a los requerimientos de las personas con discapacidad por parte de la comunidad, la sociedad y el Estado.” (Padilla-Muñoz, 2010, pág. 405)
Comienza así, entonces, la construcción de los cimientos para un nuevo modelo que buscaba una revolución: el modelo social. Dicho modelo surge como resultado de un rechazo por parte de las personas en situación de discapacidad ante los dos anteriormente mencionados.
De acuerdo a esta visión, las causas de la discapacidad se encuentran lejos de ser consecuencias de dioses o respaldadas en las creencias puramente biologicistas, sino que se debe percibir a las carencias y limitaciones de la sociedad misma como grandes agentes causales, siendo éstas causantes de servicios precarios que no permiten la garantía de un adecuado abordaje de las personas en situación de discapacidad (Palacios, 2008). Conceptos como inclusión e igualdad comienzan a cobrar fuerza, y las posibles soluciones no deben ir dirigidas a la persona en situación de discapacidad, sino que a la propia sociedad. Ya no se trata de evidenciar la limitación de la persona que históricamente ha sido discriminada, sino que de generar un ambiente que permita prosperar por igual las potencialidades y cualidades de todas las personas, incluidas las que han sido marginadas e invisibilizadas.
Padilla-Muñóz (2010), por su parte, describe a este modelo como uno en donde la situación de discapacidad surge como el resultado de una sociedad cuyo ambiente potencia las limitaciones y desventajas de la persona. Si bien éste modelo considera a la discapacidad como una construcción social, a su vez, “crea la necesidad de responder a los requerimientos de las personas con discapacidad por parte de la comunidad, la sociedad y el Estado” (Padilla-Muñoz, 2010). Dicho modelo pretendía poner el acento en la búsqueda de derechos, de visibilización, de descategorización, buscando ser considerados como iguales a los demás ciudadanos.
Palacios y Romañach (2006) a su vez agregan que:

(...) no son las limitaciones individuales las raíces del problema, sino las limitaciones de la sociedad para prestar servicios apropiados y para asegurar adecuadamente que las necesidades de las mujeres y hombres con diversidad funcional sean tenidas en cuenta dentro de la organización social. (pág. 48)


El derecho a la vida digna es la base de todo: el derecho a tener derechos. Palacios y Romañach (2006) mencionan que en los comienzos del presente modelo fueron acentuadas luchas por “los derechos civiles, el apoyo mutuo, la desmedicalización y la desinstitucionalización.”. Grandes ejemplos de esto los podemos encontrar en los testimonios de aquellos que formaron parte del campamento Jened, liderado por Larry Allison, el cual se trató de un lugar donde podían ser tal cual eran, sin miedos ni tapujos, sin necesidad de pensar en un mundo exterior que los excluye, los priva y los desprecia. La idea de vivir en una sociedad para todos comenzó a cobrar fuerza, y se planteó que “las respuestas sociales frente al fenómeno de la discapacidad consisten, precisamente, en políticas de derechos humanos”. (Cuenca, 2011, pág. 06) Afirma la autora que el presente modelo busca promover la idea de vida autónoma, independiente, con capacidades, cualidades y habilidades. 
Se vuelve entonces un modelo de la revolución; un modelo donde la invisibilización ya no forma parte de los cuerpos de aquellas personas que son marginalizadas. Se vuelve un grito de "Acá estoy yo, y me vas a ver y me vas a escuchar; me vas a sentir". 

-XxX-

Referencias Bibliográficas

Bustamante, E. (2018). La discapacidad en el mundo. Jurídica, 675(1), 1-3.


Cuenca Gómez, P. (2011). Derechos humanos y modelos de tratamiento de la discapacidad. Disponible en: https://e-archivo.uc3m.es/bitstream/handle/10016/19335/derechos_cuenca_PTD_2011.pdf?sequence=1yisAllowed=y


Padilla-Muñoz, A. (2010). Discapacidad: contexto, concepto y modelos. International Law: Revista Colombiana de Derecho Internacional, (16), 381-414.


Palacios, A. (2008). El modelo social de discapacidad: orígenes, caracterización y plasmación en la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. Cermi.


Valencia, L.A. (2014). Breve historia de las personas con discapacidad: de la opresión a la lucha por sus derechos. Recuperado de: http://www.rebelion.org/docs/192745.pdf





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